¿Cómo hablarle a los hijos de Dios?

¿Cómo hablarle a los hijos de Dios?

Hemos de ser conscientes que el mejor maestro y modelo para nuestros hijos somos nosotros mismos.

Hemos de ser conscientes que el mejor maestro y modelo para nuestros hijos somos nosotros mismos.

Existen muchos libros e información sobre Estimulación temprana, incluso para cuando nuestros hijos aún están dentro del vientre materno (Estimulación temprana intrauterina), pero es poca o nula la información sobre cómo podemos enseñar a nuestros hijos desde temprano sobre la fe y su relación con Dios.

¿A qué edad debo comenzar a hablar a mi hijo sobre Dios? ¿Cómo hacerlo?, ¿A qué edad puedo comenzar a enseñarle a orar?

Estas interrogantes deben aparecer en el seno de una familia cuyo centro sea Dios. Es bueno que nos interesemos porque nuestros hijos tengan un buen desarrollo físico, intelectual y emocional, pero también espiritual. Debemos estar claros que lo religioso no es algo añadido, sino un elemento que empapa todas las demás áreas de la vida y los momentos familiares comunes.

¿Cómo podemos esperar que nuestro hijo de 7 años respete y viva la eucaristía, si no le hemos enseñado qué es y cuál es su importancia?

La relación de nuestros hijos con Dios debe ir más allá de repetir las oraciones populares y de persignarse, claro, adaptado a cada etapa de su desarrollo y de su edad.

Según la psicología, existen Períodos Sensitivos, es decir, etapas del desarrollo de la persona que solo pasan una vez en la vida y que desaparecen en la edad adulta. Son los lapsos de tiempo donde, por naturaleza, el niño y adolescente está predispuesto a aprender ciertas virtudes y crear hábitos.

El primer período va de 0 a los 3 años de edad, en donde se deben cultivar las virtudes del orden, la sinceridad y la obediencia. Es también durante este primera etapa, específicamente al cumplir el primer año de vida, en el niño está listo para aprender el amor a Dios y las prácticas de piedad.

Esto no impide que desde antes ya familiaricemos a nuestros hijos con algunas experiencias, para que luego cuando las entienda, tengan pleno sentido. A continuación describo algunas actividades prácticas que podemos realizar, incluso desde la gestación.

  • Durante el embarazo, podemos orar en voz alta o compartir con nuestro bebé música religiosa, incluso cantada por nosotros mismos.
  • También podemos leerle textos de la biblia o relacionados con Dios. Lo bueno es que esta buena costumbre de leerle puede seguir siendo parte de nuestra rutina para dormir, cuando ya haya nacido.
  • Al preparar la habitación de nuestro bebé recordemos colocar una imagen de María y un crucifijo. Hay quienes prefieren colocar un cuadro de la virgen o un Rosario al pie de la cuna. Las imágenes relacionadas con el Ángel de la guarda también son comunes. Las imágenes y símbolos serán referentes con los que nuestro hijo irá creciendo y le serán familiares desde pequeño.
  • Nuestro bebé deberá adquirir buenos hábitos de sueño, especialmente cuando se esté preparando para dormir en su propio cuarto (cerca de los 3 meses). Para esto, entre otras cosas, los expertos aconsejan crear una rutina para ir a la cama, que puede incluir música, luz tenue, lectura de un cuento. Podemos aprovechar esta etapa para incluir una breve oración, como parte de sus actividades previas al sueño.
  • Cuando nuestro bebé ya pueda relacionar los nombres con los objetos o personas (cerca de los 9 meses de edad) es momento para que comencemos a mencionar a Jesús y a María, haciendo alusión a cuadros o imágenes que tengamos en casa.
  • Es en este mismo momento de su desarrollo donde comenzamos a enseñarle colores y figuras, por medio de libros. Una biblia ilustrada, puede ser utilizada, especialmente si es justo para niños, dando énfasis a los personajes, Jesús y María.
  • Al llegar al año de edad, nuestro hijo ya estará preparado para comenzar a dar sentido a las oraciones que ha escuchado desde el vientre e incluirlas en su vida cotidiana. Momentos como la Navidad, Semana Santa y las visitas al Sagrario pueden ayudarnos, ya que los símbolos e imágenes están más presentes (el nacimiento, las imágenes de Jesús crucificado), facilitando la explicación de conceptos abstractos, volviéndolos concretos. En esta etapa la imitación y repetición es la forma de aprendizaje de los niños, aspecto que podemos explotar.
  • Entre los 7 y 11 años, ya se están preparando o están prontos a prepararse para su Primera Comunión, por lo que su idea de Dios y su relación con él puede y debe ser más profunda.
  • Los libros de oraciones o devocionarios pueden ser una gran ayuda para que ellos puedan realizar su propio momento de oración. Tener un altar sencillo o un lugar específico para relazarla puede ser otro recurso útil. Este puede estar incluso en su cuarto.

Hemos de ser conscientes que el mejor maestro y modelo para nuestros hijos somos nosotros mismos. Nuestras palabras serán escuchadas pero el ejemplo que podamos darles es lo que realmente marcará su vida.

Los primeros en rezar deben ser los padres, al celebrar, al compartir los alimentos, al salir de viaje, en todo momento, enfatizando orar por personas o situaciones concretas. También debemos estar conscientes, que nuestra práctica de fe no debe limitarse a rezar o repetir oraciones, sino, a fomentar un verdadero y cada vez más profundo trato con Dios. Esto debe comenzar cuando el niño entienda el concepto de padre, ya que podrá asociar las cualidades positivas de su padre terrenal con un padre celestial. De igual forma para el acercamiento y conocimiento de María como madre del cielo.

La prueba de esta fuerte incidencia de los padres se puede encontrar al profundizar en la vida de los santos. Tal es el caso de Juan Pablo II, quien decía: “Mi padre era admirable. Los violentos golpes que tuvo que soportar abrieron en él una profunda espiritualidad, y su dolor se hacía oración. El mero hecho de verle rezando de rodillas tuvo una influencia decisiva en los años de mi juventud”.

Recordemos que el 90% de la vocación de una persona es por influencia de sus padres. Al hablar de vocación, no nos referimos exclusivamente a la vida religiosa, sino a dar respuesta a “esa” llamada que todos tenemos, esa que da sentido a nuestra vida y nos hace felices. Es el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos.

 

Fuente:

Beatriz de Echeverria – www.beatrizcecheverria.wordpress.com


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